domingo, 28 de julio de 2013

AVE, una marca difusa y necesitada

Es muy triste y delicado reflexionar desde el punto de vista de las marcas tras una tragedia como la ocurrida en Santiago de Compostela el pasado día 24. Quiero transmitir mis condolencias a los familiares de las víctimas.

Desde el punto de vista de la comunicación, lo más obvio es tratar este tema como un caso claro de comunicación de crisis, pues España, Renfe y Adif se juegan mucho, sobre todo teniendo en cuenta las adjudicaciones de infraestructuras pendientes en el extranjero, en particular la de Brasil.

Una situación de crisis es muy peligrosa para una marca, pero es también una oportunidad. Compañías como Arthur Andersen desaparecieron tras perder el activo más importante en un auditor, la confianza del cliente. Sin embargo, otras compañías como Johnson & Johnson salieron reforzadas de un escándalo. En 1982 siete personas  tomaron Tylenol, (paracetamol de venta libre) y murieron. El producto se retiró rápidamente, y se demostró que las píldoras habían sido envenenadas con cianuro en un acto de terrorismo o de locura. Desde aquella crisis, Johnson & Johnson desarrolló un envase inviolable, que desde entonces es obligatorio en Estados Unidos para los medicamentos de venta libre.




En toda crisis, según Eric Dezenhall, hay tres protagonistas: la víctima, el villano y los que reivindican. El secreto de gestionar bien la crisis es ser capaz de cambiar los protagonistas, pasar de ser el villano a ser una víctima más, o como mínimo encontrar al verdadero villano, con la ayuda de un “reivindicador” (las investigaciones). Así la opinión pública será capaz de perdonar más fácilmente. En este caso el “villano” más probable está ya detenido. Respecto a la responsabilidad del “villano”, en mi opinión todo sistema es mejorable pero cada uno debe conocer lo que está manejando y las responsabilidades que tiene. Si el protocolo no te permite llevar copiloto debes estar más atento que si lo llevas. Si un conductor se desmaya el autobús se estrellará. Si no llevas ABS no debes frenar igual que si lo llevas, etc.

Y aquí es donde entramos en materia de marcas. Uno de los pilares más importantes de la marca es la DIFERENCIACIÓN. Y con objeto de ganar pasajeros y aprovechar la red ferroviaria existente nos han querido vender otra “marca”: la “Velocidad Alta”. 

Si no es lo mismo Alta Velocidad Española (AVE) que Velocidad Alta, esto  debería dejarse bien claro pues aunque parecerse puede ayudar a conseguir clientes, los problemas de la Velocidad Alta salpican al AVE. Dicho a lo bestia: los trenes No-AVE deberían llamarse de formas más diferentes, no Alvia, ni Alaris, ni nada que pueda causar confusión, y deberían ser hasta de otro color. El logo de AVE ya no se ve en ningún sitio y su personalidad se ha diluido a favor de la marca RENFE.




Además como decimos cuando hablamos de arquitectura de marca, la estructura por dentro de la empresa no le importa al cliente, y para un viajero un AVE es una solución de punto a punto. A él no le importa que la infraestructura sea de ADIF, el Tren de Siemens y la Explotación de RENFE. Para un cliente un AVE es una solución integrada, y aunque es verdad que el tren accidentado no ha sido un AVE ni la vía es 100% de alta velocidad, de cara al exterior eso no queda demasiado claro.

Por eso creo que hay que reforzar y diferenciar la marca AVE. En la Web de ADIF, el tramo accidentado se muestra como trazado de Alta Velocidad, y en la de RENFE el AVE está en el apartado AVE-Larga distancia, mezclado con los ALVIA, ALARIS, ALVIA, ALTARIA y demás “cursinombres”.


Si un trayecto no es 100 de alta velocidad con los sistemas de seguridad asociados no debería comunicarse como tal, y si un servicio no es AVE no debe intentar parecerse a él, pues ahora hay que dar demasiadas explicaciones.

domingo, 12 de mayo de 2013

Romance lingüístico-publicitario



Escribo yo este romance
Para una tarde matar
Por las cosas que me atacan
En ciertos modos de hablar.
En la tele y en la radio
Y en la prensa sin parar
Dicen cosas sin sentido,
También en publicidad.
Se ve que no han estudiado,
Y si lo hacen, lo hacen mal.
Tampoco tiene disculpa
Quien no lo ve al revisar.
Comienzo con una norma
Que todos aplican mal,
Poniendo el imperativo
Con una erre al final.
¡Corred, comed y dormid!
Y no “¡Comer, dormir o estudiar!”
Con el “de que” nunca aciertan
Porque quieren evitar
El “dequeísmo” argentino,
En el fútbol, tan normal.
Porque “de que” está bien dicho,
De ejemplos hay más de un par,
“Darse cuenta”, “estar seguro”,
“Advertir” e “informar”,
por no citar otros tantos
que con “de que” siempre van.
Otra cosa que me mata
Cuando la oigo pronunciar:
Cierto modo de decir
El presente de “apretar”.
Cuando Pedro de la Rosa
Dice “APRETA” al comentar,
Se me suben los colores
Y no lo puedo aguantar.
En anuncios importantes
Que se deben revisar
Hay meteduras de pata
Que no deberían estar.
Por ejemplo, que “la Giga”
Que le ofrece Movistar
Debía ser masculina,
No Giga transexual.
Y también los de YAMÓVIL
No paran de machacar:
“son una de las empresas
que mas coches VENDEN”, ¡Ah! 
¿Pero es que no se dan cuenta
sus copys al redactar?
El sujeto y predicado
deberían concordar.
"Yo creo que está bien dicho
Más de alguno me dirá"
"Es parte de un colectivo,
Puede ponerse en plural"
Eso es concordancia "ad sensum"
Y se puede utilizar.
Yo creo que no es el caso,
Y si lo es, suena mal.
“Estallan las palomitas”
Vodafone quiere explicar
Para vendernos smartphones
Y su gran utilidad.                        (pronúnciese “vodafón” y “esmárfons”)
Dicen que el maíz explota
Como explicación genial
Dejándonos “ojipláticos”,
La duda sin aclarar.
Utilizar un sinónimo
Para la causa explicar
Es una majadería,
No un error gramatical.
Si tras este rapapolvo
Conseguimos mejorar
Daré este rato por bueno,
Un saludo, y ¡a mandar!

miércoles, 24 de abril de 2013

¿Cuánto cambia una marca un cambio de nombre?


En los proyectos de branding, una de las cosas más difíciles y que más miedo genera es un cambio de nombre. La creación de un nombre es un proceso muy difícil que está totalmente asumido cuando se trata de una nueva compañía o un nuevo producto o servicio.


 Pero si existen razones legales o estratégicas para cambiar el nombre de una marca que tiene un gran valor comienza el “pánico”, porque se asume que al cambiar un nombre se pierde todo lo que se había construido con el tiempo. Hemos vivido recientemente una fusión en el sector energético donde lo lógico hubiese sido un cambio de nombre que nunca se produjo del todo.

Eso no es cierto en absoluto. Recordemos cuando las natillas Danone se pasaron a llamar Danet. Es cierto que se gastó un dinero en publicidad, pero todo el mundo entendió que las natillas Danone ahora se llaman Danet, y punto.

Por poner un ejemplo podríamos pensar: “¿Qué hubiera pasado si en los tiempos de Juan Villalonga Telefónica hubiera cambiado de nombre?”. Con una inversión en comunicación similar a la que se hizo cuando Movistar cambió de imagen, el consumidor hubiera sabido sin duda que la antigua Telefónica había cambiado, y por tanto, la estatura y enorme capacidad de la marca se habría transferido a la nueva Newname. Esa Newname nacería con un gran valor, infinitamente superior al que tendría una startup llamada Newname. Además de eso, en mi opinión, dar ese paso hubiera simplificado mucho la arquitectura de marca pues ese nuevo nombre hubiese servido como marca corporativa y como marca comercial. Realmente pienso que eso hubiese sido un gran acierto.

En la transferencia de valor hacia el nuevo nombre influyen varias cosas. Una de ellas es la representación gráfica, que es capaz de crear diferencias entre “lo que leemos” y “lo que vemos”. Para ello los colores y los símbolos ayudan mucho.

Por ejemplo los clientes del Santander que viajaban a Londres y leían “Abbey” en sucursales rojas, con una llama delante, y con la tipografía del Santander, en realidad veían “Santander”. Otro factor que influye es la estrategia de transición. Si se diseña correctamente, a las audiencias se les da tiempo a acostumbrarse al nuevo nombre sin perder de la noche a la mañana el contacto con el anterior.

Cada caso es diferente y por eso no hay reglas inamovibles. Pero lo que es cierto es que se puede conservar lo bueno de la marca cambiando radicalmente el nombre. No olvidemos que la marca es un conjunto de percepciones. Por tanto, lo que se debe hacer es controlar adecuadamente el proceso para mantener las percepciones que nos interesen que no tienen por qué ir intrínsecamente unidas al nombre. 

lunes, 1 de abril de 2013

Historias y Rituales


Una de las tareas menos conocidas entre las que trabajamos cuando construimos una marca es en la creación del Brand Story y rituales de consumo. Son cosas diferentes pero suelen estar relacionadas.

Los rituales de consumo (no aplicables para marcas corporativas) son difíciles de crear y alguno de los más conocidos es fruto de la casualidad. Es el caso de la cerveza Coronita y su rodaja de limón. Según cita Martin Lindstrom en su libro Buyology el ritual de la cerveza Corona (llamada Coronita en España) que se toma con una rajita de limón viene de 1981 cuando, como resultado de una apuesta con un amigo, un camarero de un restaurante introdujo la tajada de limón en el cuello de una botella para ver si lograba que otros clientes hicieran lo mismo.

Es un ritual simple, nacido del capricho de un camarero que ha ayudado a Corona a superar en ventas a Heineken en los Estados Unidos. En Soulman últimamente hemos creado un ritual muy interesante para una bebida que se va a lanzar en España, aunque lo difícil será extenderlo pues para difundirlo en poco tiempo se requiere gastar dinero en comunicación y ahora los clientes andan escasos de presupuesto. Un ritual ayuda a crear una conexión emocional con una marca y puede ser mucho más poderoso que un nombre o un logo.

Las historias de marca o brand stories también tienen un valor extraordinario. Creo que una de las habilidades que tenemos que potenciar en nuestros hijos es la capacidad de contar historias, enseñándoles a añadir verdadero significado a las cosas en su interacción diaria con los demás. Porque haciéndolo bien podrán destacar y hacerse valer.

El enorme valor del Brand Story puede cuantificarse. Por ejemplo, las acciones de Tiffany & Co subieron un 15% en un mes desde que se empezó a trabajar una historia de marca que asociaba la empresa a la materialización del amor en una campaña llamada “What Makes Love True”. Y espectacular es el caso de una web llamada “signifficant objects” que ha conseguido multiplicar hasta por 50 el valor de sus productos simplemente añadiendo historias interesantes a las baratijas que compran por eBay.

Se dice que en el hotel Saint Geran (de la cadena One & Only) de isla Mauricio pusieron a los empleados a trabajar una noche en la playa con detectores de metales para encontrar la alianza de boda perdida por unos huéspedes y que una vez hallada se la entregaron la noche siguiente en la cena con una botella de Champagne.

Porque - terminando con un caso nuestro - no es lo mismo “saborear un vodka extraordinario”, que disfrutar del mystical vodka, herencia del mágico elixir preparado por el druida Grunond para otorgar la sabiduría a su rey, que ha sido rescatado del vértigo del tiempo por nuestros expertos.